¡Qué viva México!
De la mano de Marcelo Araya (5 goles, Coronel Suárez)
Entre el México de pirámides, palacios, casas coloniales y geométricas de Barragán existe el de los charros, estadounidenses y argentinos que juegan al polo.
No existe una ciudad de México, sino tantas como el número de sus habitantes: 24 millones de personas que la convierten en la megalópolis más poblada del mundo. Como si fuera poco, en sus cimientos hundidos se superpone la historia azteca, colonial, independentista y revolucionaria que en la superficie aflora con el pluralismo actual.
Existe un DF melancólico que arrastra su propia tragedia, tan dolorosa como el destino de Frida Kahlo. Un México desigual, injusto, tan amargo como un trago de mezcal. Uno colorido como los murales de Tamayo o Siqueiros que, entre ritmos de rancheras y corridos, ríe como llora Chavela. Y ese México intelectual que se busca y se reinventa siempre.
Vencer la fiaca
Después de doce horas de vuelo –con escala en Lima y encuentro con foto incluida con el futbolista de Boca Carlos Tevez- llegué al aeropuerto de México. La primera impresión del DF apabulla. En la hora que me llevó llegar al hotel “a vuelta de rueda”, es decir, a dos por hora gracias al tráfico infernal, no pude conjugar la idea que yo tenía del país con la ciudad que mis ojos veían. Una masa gris de edificios y contaminación se me aparecía como una niebla constante.
Sin haber desensillado del todo, me tiré a una de las albercas –así le dicen los mexicanos a las piletas- del hotel Camino Real, donde me alojé. Y se hizo la luz. Y los colores. No sabía si mirar los murales de Tamayo y Siqueiros o el monumental edificio del arquitecto Ricardo Legoreta. A través de sus gruesas paredes fucsias y amarillas y de sus corredores con objetos gigantes se capta la influencia del genio de la arquitectura mexicana: Luis Barragán, autor del Convento de las Capuchinas en el barrio de Tlalpan.
Los primeros días fueron tranquilos. No sólo había que recuperarse del jet lag sino también aclimatarse a la altura: 2250 metros sobre el nivel del mar. Lamenté no haber llevado las zapatillas, no pude ir al gimnasio ni salir a correr por el Parque Chapultepec, la zona verde más extensa de la ciudad. Allí se encuentra, entre otros, el Museo Nacional de Antropología. Si no fuera por la contaminación, desde allí podrían verse el Popocatépetl y el Iztaccihuatl, los volcanes que custodian el Distrito Federal. A pocas cuadras se encuentra la Zona Rosa, ideal para mujeres que disfrutan viendo vidrieras o pueden comprar en Hermès, Arman o Channel.
Para quienes tienen gustos más sencillos, los mercados ofrecen opciones interesantes. Además de frutas, verduras y “comida corrida” (comida realmente mexicana como las famosas tortillas con carne, tomate y aguacate –palta-; por supuesto, muy picante) se vende prácticamente de todo: desde sapos, culebras, tortugas, cerámicas, tejidos y artículos de hojalata hasta limpiezas de espíritu a cargo de un chamán que siempre resulta ser el mejor de la ciudad. Yo compré un cenicero de mexicano con pose machista, no podía ser de otro modo.
Antigua nueva España
En el tradicional barrio de Coyoacán, de calles empedradas y fachadas coloridas, nació Frida Kahlo, murió Octavio Paz y León Trotsky fue asesinado. Allí visité la Casa Azul donde nació y vivió la artista con Diego de Rivera. A pocas cuadras está la morada y la tumba del pensador revolucionario ruso. Junto a ellas se localiza la vivienda de la Malinche, la india amante de Hernán Cortés. La mujer traicionó a las naciones indígenas permitiéndole al español vencer a los aztecas y arrebatarles la gran Tenochitlán.
Del mismo rojo grana que viste la plaza mayor de Coyoacán son muchas de las fachadas de San Ángel, otro barrio en el sur de la Ciudad de México. Como Coyoacán, también fue un pueblo que acabó engullido por el DF, pero sin perder ni una gota de su esencia. En él se emplazan más rincones de la antigua Nueva España. Allí se esconde la calle más linda de Ciudad de México que, como símbolo de la contradicción que encarna el país, se llama Calle de la Amargura. En ese camino, ajeno al tráfico infernal de la metrópoli, se extienden casas con patios salpicados por buganvillas. Un buen lugar para comer es el San Ángel Inn. La reina Beatriz de Holanda, Robert Kennedy, Brigitte Bardot, Neil Armstrong, Jimmy Carter, Octavio Paz y quien relata, Marcelo Araya, comieron en él.
La tercera
Es obligación visitar la Catedral Metropolitana; se tardó tres siglos en construirla. Se mantiene milagrosamente en pie a pesar de los terremotos. Por desgracia, al igual que otros edificios de la ciudad, se está hundiendo y gran parte de su belleza interior está oculta, además de por la oscuridad, por el armazón que apuntala toda la construcción.
Recién cuando subí al tejado de la Catedral me di cuenta del tamaño de la plaza de la Constitución, llamada por todos El Zócalo. Cuando se lo comenté al guía me contó que por ese motivo es la tercera en el mundo; la preceden la Plaza Roja y la Plaza de Tiananmen. Y me recomendó una vista desde otra perspectiva, desde la terraza del hotel Majestic. El consejo no era gratuito, tuve que invitarlo a una michelada –hielo molido, Corona y sal en los bordes del vaso- yo opté por una horchata, jugo que en España se hace con chufa, un fruto rojo, pero aquí con arroz. Ya con la lengua más suelta me contó la disputa que existe por el significado de la palabra México: para algunos, como él, quiere decir “tierra de mezcal” –cactus con el que se hace el tequila- y, para otros, “el ombligo de la luna”. Me quedo con el segundo.
En uno de los laterales de la plaza está la sede del poder en México, el Palacio Nacional, construido sobre el de Moctezuma. En su interior se pueden observar los murales de Diego Rivera. Pintados entre 1935 y 1939, ilustran dramáticamente la revolucionaria historia de México: desde un idealizado pasado precolombino, pasando por los horrores de la conquista hasta la independencia y la Revolución de 1910, con Karl Marx señalando el futuro.
Largaron
Pasados los días de aclimatación, hubo que salir a la cancha a mover los tacos, o los “masos”, como les dicen aquí. La excusa, la primera Copa El Amigo en la que participaron polistas de varios países, entre los cuales no podían faltar México y la Argentina.
El club elegido fue Tecamac, ubicado a sólo cincuenta minutos del Distrito Federal. Como se pasa muy cerca de las pirámides de Teotihuacán, la ciudad de Quetzalcóatl, “el lugar donde los hombres se convirtieron en dioses”, no pudimos resistir la tentación de bajar a ver las pirámides del Sol y de la Luna. Impresionantes. Habitaron allí más de doscientas mil personas; nadie supo explicarme las razones exactas de su ocaso.
Uno de los anfitriones del club fue Guillermo Steta, un mexicano de pura cepa. Como muestra de hospitalidad, un día nos invitó a Santa Rita, la finca de su familia. Los Steta poseen una de las colecciones más importantes de sillas charras. Todavía estoy sin palabras. Las sillas tienen la cabeza de plata, están labradas y bordadas en hilo de oro, plata y pita, que es el hilo maguey (un cactus). Las más antiguas datan de 1860, la época de la Revolución Mexicana. Algunas de ellas pertenecieron a generales como Francisco Ramírez, jefe inspector de los cuerpos rurales. También tienen una colección de armas, en perfecto estado, de la misma época.
La lluvia no permitió terminar el campeonato. Sin embargo, hay que destacar el buen desempeño del equipo Querétaro, en el que juega el argentino Tomás Iriarte. El año que viene vamos a tener que pedirle a la Virgen de Guadalupe, ícono religioso de todos los mexicanos, por un buen clima. Año a año cerca de nueve millones de mexicanos llegan luego de varios días de viaje a pie, en bicicleta o autobuses a su basílica para honrar a la emperatriz de las Américas.
Los toques
Pero debo confesar que luego de la movida sólo quedaron fuerzas para pasar de la alberca a un trago. Frente a la plaza Garibaldi, tal vez la más turística por sus mariachis que cantan sólo por la propina, está el bar Tenampa, atestado de turistas y lugareños. La novedad no son sus tragos sino “Los toques”: pagando sólo unos mexicanos se recibe una pequeña descarga eléctrica que produce más efecto que el shock de un Margarita. Después de ellos, con más energía, se puede descubrir otros Méxicos o dedicarse al sueñito lindo. El polista Nick Clarke quedó más contento que niño con juguete nuevo.



Me llama la atención que le artículo está fechado en agosto de 2007, y en esa fecha la mayoría de los jugadores mencionados en el mismo, y participando en un campeonato en Tecamac, se encontraban jugando desde mayo en Inglaterra, incluso el único argentino al que se hace referencia que juega con un primo segundo mio en Cirencester Park Polo Club. Este jugador sólo juega en Méjico de marzo a fines de abril. Quiero hacer esta aclaración ya que me pareció extraña la referencia, sería necesario preguntar a María Graciela Arias si el viaje a Méjico fue en esos meses o cuando? Es una mera aclaración.
Ignacio Tagle Errázuriz
Febrero 12, 2008
Muy interesante la descripción de Méjico en tan pocas palabras, pero cada una de ellas plena en significados y detalles, no sabía que en Méjico se juega tanto polo en Chile bastante pero ni comparación con Argentina, siempre los “Che” están jugando en algun lado, son como hongos despues de la lluvia, claro son los mejores del mundo. Lástima que no hayas escrito un poco mas sobre el Castillo de Chapultepec y sus historias de heroismo, como la defensa de Méjico de la invasión de EEUU, los dos imperios el de Don Agustin y el del martirizado Maximiliano de Austria y su enloquecida mujer Carlota de Austria, terminó sus días en 1867 en el cerro de las campanas en Querétaro junto a sus fieles generales Miramón y Mejía, fusilados por la soberbia revolucionaria del masón Juárez, hoy ídolo para los mejicanos. Qué historia fascinante la de Méjico y que pais con tantos contrastes. Visita Careyes es lo mejor que tienen como playa en el Pacífico, es como nuestro Zapallar o Cachagua en Chile y Punta del Este en chico. Felicitaciones
Ignacio Tagle Errázuriz
Febrero 19, 2008
Muchas gracias por los comentarios!!!
Aclaraciones: Al artículo lo subí a este blog en el 2007, pero fue publicado en la revista Polo Today, de Argentina, en mayo de 2004, si no me equivoco (en este momento estoy de viaje y cuando vuelva a mi casa -después del 23 de abril- puedo fijarme la fecha exacta). A los próximos artículos le pondré la fecha de publicación.
Y sí, México es un país fascinante y tiene una historia riquísima. Ojalá algún día pueda volver para contar todas esas historias a las que haces referencias.
Muchas gracias nuevamente y hasta luego,
Graciela
pachamama
Marzo 18, 2008