Chapeu
Parecía que el gobierno se suicidaba. Casi 100 días de conflicto con el campo lo habían llevado de un reclamo económico sectorial a una profunda crisis política de la que pocos vislumbraban una salida. Como un ave fénix -aunque en este caso, con dos cabezas- resurgió de las cenizas.
Es visceral. Confieso que de un tiempo a esta parte, cada vez que escucho algún discurso del matrimonio Kirchner no puedo parar de putear -perdón la franqueza en la escritura-, así tenga a mi madre delante.
Algo similar padecimos una gran parte de los argentinos el lunes por la noche. El ambiente estaba caldeado: luego de casi 100 días de conflicto campo-gobierno en los que la inflación aumentó bastante más que el 0,6 % declarado por el IndeK; el desabastecimiento de nafta, gasoil, leche y carne fue una constante tanto en los grandes centros urbanos como en los pueblos del interior; y transitar por las rutas argentinas era peor que jugar al estanciero, Luis D’Elía, el piquetero oficialista -sí, en el país del absurdo la unión de “piquetero” con “oficialista” no es un oximorón-, repudió “el golpe de Estado económico” y llamó a “tomar armas para defender la democracia”, acción que, según él, está amparada en la Constitución.
Demasiado buenos somos los argentinos. Gracias a Dios, a nuestra memoria -que no hace falta que nos la refresquen en cada discurso presidencial- y al sentido común, el pueblo optó, una vez más, por defender la democracia con bocinazos y artillería de cocina.
Los cla-cla-cla de las cacerolas se escucharon en el Obelisco, el Congreso, Callao y Santa Fe, Caballito, Olivos y la mayoría de las plazas de todas las ciudades de la Argentina. Hasta en el monumento Güemes, donde se celebraba la “Guardia bajo las estrellas” en honor al único General argentino muerto por herida de guerra, y donde hace casi un mes, la presidenta Cristina no logró reunir ni a 50.000 personas de todo el país para que la aplaudan -y eso que les pagó viaje, estadía, $200 y, como broche, un recital gratis de Los Nocheros-, llegaron ruralistas y no ruralistas a reclamar un diálogo serio y hasta un “que se vayan todos”, incluido el gobernador de Salta.
El fin de la monarquía K parecía estar cerca, y todo por pura soberbia. La oposición, pero también miembros del PJ kirchneristas pidieron desde las primeras horas de la madrugada de ayer que por favor el águila bicéfala retrocediera y cancelara el acto anunciado para el 20 de junio en la Plaza de Mayo. “Un discurso más en el que se incitara a la violencia y el suicidio iba a estar consumado”, alegaban.
Habrá acto
Y como yapa, nos comimos dos discursos previos: El primero de Néstor, el martes 17 a las 15 y el segundo de Cristina, ese mismo día a las 17.
No hagan que repita las palabras del ex presidente, me produce nauseas. Sólo voy a decir que aplaudí que permitiera a los periodistas hacer preguntas. Sí, por primera vez desde su mandato brindó una conferencia de prensa, pero no fue perfecta.
Con su tono irónico, que ya les dije, despierta lo más bruto en mí y de muchos argentinos, trató al cuarto poder como chicos de jardín: ¿Por qué tutea a los periodistas cuando ellos se dirigen a él usando “usted”? ¿Por qué tratarlos de “vos , pibe”? ¿Por qué suponer que todos los periodistas de todos los medios responden ciegamente a sus jefes/patrones? ¿Por qué insultar a la profesión obviando las preguntas y tomar el papel de inquisidor?
A ella, sin embargo, ni siquiera la ropa puedo criticarle. Hasta se contuvo de no jugar con los micrófonos. En todo momento mostró moderación y, sobre todo, habilidad. Con sólo mover una ficha, enviar al Congreso las retenciones móviles para que adquieran fuerza de ley, la presidenta encontró una salida a la profunda crisis política en la que se encontraba su gobierno.
Impecable. El recurso es legal y sobre todo le permite vanagloriarse en que ella prometió -y ahora cumple- defender la calidad institucional. Aunque todos sospechamos que es una trampa -sabemos que el gobierno cuenta con la mayoría en el Congreso, pero eso en definitiva es culpa de la oposición y también de los argentinos, que dejamos que esto sucediera- nadie puede patalear.
Si el campo quiere que se deroguen las retenciones móviles, deberá trabajar mano a mano con cada legislador. Serán los representantes de ambas cámaras quienes sufran el desgaste por la presión y el reproche del campo, y no el Ejecutivo, que ahora sí podrá viajar al Calafate a descansar.
Y si el sector del campo no logra a través del Congreso derogar la polémica resolución -que no Decreto de Necesidad y Urgencia, porque Cristina, según dijo, se cuidó bien de no firmar ninguno para que no la tilden de no respetar las instituciones- deberá formar su propio partido, como se dio el lujo de aconsejar la presidenta.
Debo admitir, que fue una jugada maestra. Cristina, chapeu.



Impecable! todo lo que dice el etxto es acertado. Lástima que cueste tanto tener que aceptar que el país está bajo las garras de un águila bicéfala que gobierna para sus bolsillos y para relamerse con el poder.
HA
Junio 18, 2008